"La oración de Al-Farabi"

Las oraciones más bellas y profundas reflejan la merced infinita de Dios y las múltiples etapas de la vida humana

"La oración de Al-Farabi"

 

Por Ibrahim Kalın, vocero de la Presidencia de la República de Turquía

 

¿Cómo un filósofo reza por Dios? No es diferente a cualquier otro rezo. En esencia, todos nosotros, no importa la profesión, la formación o especialidad que tenemos, buscamos la proximidad espiritual al Dios. En otro nivel, cada oración revela algo sobre quiénes somos nosotros.

Rezar es un asunto serio. Requiere la completa presencia del rezador. Es el modo más íntimo y más personal para comunicarse con Dios. Es el encuentro de lo finito con lo infinito; lo mortal con lo inmortal, el sirviente y Dios.

Todas las tradiciones religiosas han enfatizado la importancia de la oración en la vida espiritual de la personas. La tradición islámica es probablemente la más rica en nuestra literatura de oraciones. Es natural por el hecho de que el Corán y el Profeta nos enseñen cómo rezar por Dios. Las oraciones más bellas y profundas reflejan la merced infinita de Dios y las múltiples etapas de la vida humana. Como dice el profeta Mohammed: “La oración es la esencia de la devoción”.

La oración está compuesta generalmente de tres partes. La primera es cuando la persona beatifica la fuerza absoluta y la merced infinita de Dios. La segunda es cuando uno subraya la pobreza última y la dependencia de Dios. La tercera parte es cuando la persona pregunta directamente por la merced, la confianza, la amistad y protección de Dios. La persona es única, tal y como lo es su suplicación por Dios. Lo mismo pasa con el filósofo quien ve a Dios como una existencia personal y la causa de todas las causas y el recurso de todos los seres.

Algunos filósofos han puesto sus oraciones sobre el papel. Cada una refleja el particular punto de vista del filósofo y cómo ve a Dios, el ser Supremo en relación con el mundo creado. Son la evidencia de la bondad y la gratitud que la persona se siente por su propia existencia. Por lo tanto, no tiene fundamento en gran medida la alegación de que los filósofos convierten el Dios personal de la tradición de Abraham en un principio onto-cosmológico que no pueda suplicarle más. Los filósofos musulmanes pudieron conservar el equilibrio sensible entre el Dios como el señor del Universo y el Dios como la causa de todas las causas. Los 99 nombres de Allah por los que rezamos por Él, desvelan la magnitud y belleza infinitas de Dios y nos guían en nuestra búsqueda de la cercanía y satisfacción espirituales.

Al-Farabi (872-950), que era una de las mentes más grandes de todos los tiempos nos dejó una breve oración que desvela este punto de vista cierto. El segundo Maestro después de Aristóteles, Al-Farabi, era un filósofo, lógico, pensador político, cosmólogos y músico. Esta oración de Al Farabi, que une las tendencias principales de la tradición filosófica islámica, tiene una importancia especial no sólo para los alumnos de filosofía islámica, sino también para todos que necesitan la certeza lógica y que se interesan por el pensamiento filosófica, purificación espiritual y pureza. (Esta oración llamada “La Gran Oración” fue reordenada críticamente sacada de un manuscrito en la Biblioteca de Süleymaniye en Estambul por parte de M.Mehdi. Fue publicado en 1986 en Beirut bajo el nombre El-Farabi, Kitâbu’l-Mille ve Nusûsun Uhrâ).

La Oración de Al-Farabí elabora juntos los principios teológicos y filosófico-cosmológicos de Dios como el Creador. Dios es la existencia obligatoria y la causa de todas las causas. Es Él quien presenta la existencia de su merced infinita hacia el mundo de la creación y de esta forma santifica la existencia. Cualquier oración que se pueda hacer debe comenzar con la confirmación esta verdad fundamental:

“Oh, la Existencia Obligatoria. La Causa de las causas. Mi Allah eterno infinito. Deseo que me protejas de los errores y que hagas un objetivo el acto que te pueda ser gratitud.

Oh, mi Allah, el Creador del Este y Oeste. Otórgame los dones más sublimes, los resultados amenos en mis trabajos, hazme exitoso en mis objetivos y deseos”.

Poema:

“Creador, el Dueño y el Ilustrador de las siete estrellas que corren como los ríos del Universo,

Aquellas estrellas, obran con todos Sus bondades, con su voluntad que rodean toda la cantera.

No deseo nada de las propias estrellas de Saturno, Mercurio y Júpiter; yo deseo la bondad y todo de Ti”.

Estos principios ontológicos y cosmológicos no quedan pendientes; sino que están vinculados a la Gran Cadena de Existencia del hombre. Después de referirse a Dios como el origen definitivo de todo, Al Farabí hace una cierta petición deseando bondades, absolución y sublimidad.

“Oh Allah, ponme las ropas de la hermosura, dame la bondad y hermosura; dame la sublimidad de los Profetas, su nobleza, la felicidad de los ricos, la noción de los ilustres y la modestia de quienes tienen miedo y se abstienen de Ti.

Oh Allah, sálvame del mundo de la infelicidad y escasez; hazme uno de los que no se perturbaron por la maldad, los fieles y los mártires que viven en las alturas”.

Al Farabí estaba totalmente al tanto de que era imposible la salvación sin la realidad. Es por ello, pide a Dios que exponga la realidad de las cosas tal y como sea y que le dirija hacia la realidad:

“Tú eres un Ser tan grande, que no hay ningún otro Divino que Tú. Eres Tú la única causa de los Seres, la luz de la Tierra y del Cielo. Oh Allah, el poseedor de la Sublimidad y Excelencia, otórgame una pieza del Intelecto activo. Decora mi alma con la luz de la razón. Inspírame tu gratitud que mi hiciste merecedor como una donación. Muéstrame el derecho como un derecho e inspírame la vía de obedecerlo. Muéstrame lo falso como la falsedad misma; protégeme de creer en lo falso y seguirlo. Purifícame de la primera materia. Tú, eres la primera Causa”.

“Oh Creador, la causa de todos los seres, la fuente por donde brotan todos los seres, el Amo de los cielos en capas y el que ha puesto la Tierra y los mares en la mitad, me refugio en ti como un pecador y pido que me absuelves, perdona los errores cometidos por este pecador fiel negligente. Oh, el Dueño de todo. Limpia mi alma de las manchas materiales y espirituales”.

Dios es eterno y su merced es abundantes, pero su fiel, es decir el filósofo Al Farabí es débil y necesita la guía y la protección divinas para no dejarse arrastrar a la atracción de los deseos mundanos y bestiales:

“Oh Allah, el amo de las personas sublimas, las estrellas y los espíritus celestiales. Le predomina a este fiel tuyo el amor hacia los deseos humanos y del mundo mediocre. Que tu asilo me proteja de errar. Que mi miedo y abstención sirvan de un escudo contra todo tipo de excesivos. Tú eres es el que rodea todo por cierto.

Oh Allah, sálvame del cautiverio de los cuatro elementos y acéptame a tu estrato amplio y a su presencia excelsa.

Oh Allah, Haz la autosuficiencia que me concedes un motivo para cortar la relación entre yo y las entidades mundanas y las preocupaciones del mundo creado. Haz que el crecimiento sea un motivo para unificar mi alma como los mundos espirituales y los espíritus majestuosos.

Oh Allah, ilumina mi alma a través del Espíritu Majestuoso, inspírame mi mente y mis sentimientos con el crecimiento más sublime y haz que los Ángeles sean mis compañeros en vez del mundo físico.

Oh Allah, enséñame la correcta vía, fortalece mi fe con la piedad y haz que mis deseos queden neutros al amor mundano.

Oh Allah, dame la fuerza para afrontar las pasiones efímeras y traslada mi alma a la tierra de los espíritus eternos y haz que ella sea de la comunidad de los seres más valiosos y honrados de las alturas.

El filósofo alaba a Dios por su hermosura y majestuosidad. Ensalza su eterna merced y por haber ofrecido toda a su existencia. Todos los creados alaban a Dios. Pero el hombre queda insuficiente para comprender esta oración cósmica. Requiere herramientas epistemológicas superiores por medio de las cuales se puede ver y apreciar lo que no se revela a primera vista. En este caso, necesitará el ojo del corazón para ver:

“Oh Allah, que está por delante de los seres que se comunican con gestos y palabras. Te excluyo, sin duda Tú eres el que obsequia lo que merece a cada uno de aquellos seres. El que convierte la existencia en la bondad y misericordia. Los seres merecen tus bondades y alaban las hermosuras de tus glorificaciones. “Le glorifican los siete cielos, la tierra y sus habitantes. No hay nada que no celebre Sus alabanzas, pero no comprendéis su glorificación. Él es benigno, indulgente” (El Corán, Al Israh 44).

“Él es Alá, Uno. Dios, el Eterno. No ha engendrado, ni ha sido engendrado. No tiene par”. (Corán, Al Ihlas 3).

La parte final de la oración de Al Farabí es probablemente la más intensa mietras suplica a Dios que purifique su alma, proteja de los errores y que le guíe hacia la verdad. La súplica es tan simple y tan fuerte:

“Oh Allah, Tú has apresado mi alma en la prisión de los cuatro elementos y me has delegado la misión de romperla en pedazos a los animales salvajes con deseos mundanos.

Oh Allah, renuévalo con las castidad y ten merced por ella de modo que te bendiga. Ayúdale con una magnanimidad que proceda de Ti de la manera más apropiada. Otórgale el arrepentimiento que pertenece al mundo celestial. Fuérzala para que vuelta a su estado noble. Vierte sobre su oscuridad un brillo del sol del Intelecto Activo. Muévela de la oscuridad de la ignorancia hacia la luz de la sabiduría y la iluminación del intelecto.

Alá es el Amigo de los que creen, les saca de las tinieblas a la luz. Los que no creen, en cambio, tienen como amigos a los taguts, que les sacan de la luz a las tinieblas. Ésos morarán en el Fuego eternamente (Al Baqarah, 257).

Una persona, por muy inteligente y talentosa que sea, necesitará la guía divina para resistir a las tentaciones de la piel. La razón por sí sola no es suficiente; uno necesitará una conciencia fuerte para la integridad moral y el refinamiento espiritual. Así finaliza Al-Farabi su oración suprema:

“Oh Allah, muestra a mi alma las verdaderas formas de lo invisible en sus sueños y conviértela de ver pesadillas en ver bondades y las olas amenazas. Límpiala de la suciedad que ha afectado sus sentimientos e imaginación delusiva. Sácala de la suciedad del mundo natural. Colócala en el mundo de las almas nobles descendientes.

Oh Allah, el que me ha guiado (a la correcta vía), que me ha protegido.

Alabanzas a Dios en solitario y la paz y bondades son para el profeta Mohamed después de quien no hay ningún otro profeta.”

Amén.



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