Pamukkale: el “castillo de algodón” de Turquía

Si visitáis Pamukkale y la ciudad antigua Hierápolis de una hermosura sin par, no regreséis a casa sin aprovechar el agua curativa, avistar la puesta del sol desde los travertinos

Pamukkale: el “castillo de algodón” de Turquía

Pamukkale: el “castillo de algodón” de Turquía

 

 

Pamukkale es uno de los sitios de interés de belleza natural en Turquía. Se encuentra en la Lista de Patrimonios Mundiales de la UNESCO desde 1988. Es un patrimonio cultural y natural.

Ubicado en la provincia de Denizli en la región del Egeo en el oeste de Turquía, Pamukkale ofrece, gracias a sus travertinos blancos espectaculares formados por aguas con óxido de calcio provenientes de las faldas sur del monte Çaldağı, una magnífica hermosura a quienes los visitan.

Los travertinos de Pamukkale son de 2.700 metros de largo y 160 metros de alto. Este rasgo le da una visibilidad desde kilómetros de lejanía gracias a su color blanco brillante. 

Esta zona a 2 km de Denizli es famosa con sus aguas curativas que se cree que tienen efectos terapéuticos de diversos tipos. Aquí existen cinco fuentes de agua caliente cuya temperatura puede llegar hasta 36º C.

La ciudad antigua Hierápolis es uno de los centros más llamativos de la edad arcaica. Abarca restos de las épocas helenística tardía y cristianismo temprano. Se supone que la ciudad antigua fue fundada por Rey Eumenes II de Pérgamo en el siglo II a.C. y que su nombre es originario de Heira, la mujer de Telefos, fundador de Pérgamo.

Hierápolis, que desempeñó un papel crucial en la expansión de la cristiandad, es al mismo tiempo la ciudad en que fue asesinado San Felipe, uno de los Doce Apóstoles de Jesucristo. Por lo tanto, la ciudad fue proclamada el centro religioso en el siglo IV., y más tarde pasó al control del Imperio Romano del Este y se convirtió en el centro episcopal.

En su tiempo, Hierápolis era conocida con sus mampostería, ferretería y telas tejidas.

Si visitáis Pamukkale y la ciudad antigua Hierápolis de una hermosura sin par, no regreséis a casa sin aprovechar el agua curativa, avistar la puesta del sol desde los travertinos y sin ver las cuevas y cataratas en los alrededores.

Aconsejamos que compréis los famosos tejidos a mano, probéis los platos gustosos como pide y kebab en Denizli.



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